domingo, 21 de enero de 2024

Respira.

 

Y me miró con sus ojos verdes llenos de ilusión.

-        Qué miedo, ¿no?

-        Miedo...¿A qué?- pregunté mientras sonreía, sin poder mirarle a los ojos, con la mirada gacha, mientras cerraba el gri-gri.

-         Pues... miedo. Miedo a llevar tanto tiempo ilusionándome con algo, luchando por algo, saboreando cada uno de los movimientos, de los gestos y... ahora… Enfrentar la verdad. ¿Será cómo lo he ensayado? Miedo a caer... miedo a no conseguirlo, o, lo que es peor, conseguirlo y que no sea como esperaba…

-         No sabes cómo te entiendo. Yo también tengo miedo, tengo miedo a proyectar ilusiones que acaben no cumpliéndose. Tengo miedo a volver a fracasar, a volver a caer, a tener que reconstruir mi ego, de nuevo, otra vez. Miedo a no ser suficiente… Pero… ¿Y qué? Y qué si me caigo, y qué si no encadeno, y qué si no soy lo suficiente. Volveré a intentarlo. O no. Quizás no es que yo no sea lo suficiente para esta vía, quizás es que esta vía no sea para mí. Pero, escucha (y aquí si me atreví a mirarle a los ojos) Quizás lo importante no sea la respuesta a esas preguntas, quizás lo importante es todo lo que se siente mientras te vas respondiendo a esas preguntas. En cada paso, en cada movimiento, en cada RES PI RA CIÓN.

Y... encadenó.

miércoles, 10 de enero de 2024

Continuo.

 

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Repetiría:

            Tiempos

            Oportunidades

                 Décimas de segundos

            Ocasiones. 

           

Repeat.

Replay.

Rebobina, que no me ha dado tiempo y ya me estoy despidiendo.

El partir, el marchar, el ir…

Y me reitero si digo que ese ir significa que has estado.

Me reitero y digo que si no sintiéramos que algo se nos desgarra cada vez que nos vamos, seguramente, la sonrisa que en nuestra cara se pinta al volver, no sería tan similar a la de un buzón de correos.

De los de antaño, de los que tenían una apertura de casi medio metro.

Así nuestra sonrisa al volver.

Al volver a vernos. Al volver a juntarnos, sentirnos, besarnos, abrazarnos, brindar y hablar sobre todo y, sobre absolutamente nada. Y, curioso, cuando se comparte esa nada, parece que lo tienes todo. Un paseo. Un silencio. Un banco al sol. Un cigarro “ah no, que ya no fumamos joder, que aaassssco de vida” y nos reímos. De lo absurdo.

Me reitero, y te digo, que si cada carcajada (de esas, de las nuestras, de las sinceras, de las que te desgarran el pecho, como si fueras a soltar un esputo, de esas) me cuesta una lagrima, hoy por hoy, y en este contexto, valorando… “pásame el pañuelo que sollozo mientras cierro”.

Y me voy.

Y, soy consciente que, si no fuera porque me tengo que ir, no me gustaría tanto el volver.

Y, soy consciente, también, que si no me tuviera que ir… desearía salir de aquí.



miércoles, 3 de enero de 2024

Divertido presente.

 

Me divierte.

Me divierte ver mi cambio. En este ensimismamiento narcisista que todas las personas en algún momento tenemos. Este vivir para dentro, repensando nuestra vida y paladeando lo vivido, intentándole estrujar el último aprendizaje bajo la perspectiva actual.

Me divierte.

Me divierte ver como ya he andado por determinados senderos y, que vuelvo a ellos, sin acordarme. Me divierte ver en ellos mis pisadas, pasadas. Igual, pero cambiadas. Y me río. Antes desesperaría ante tal olvido, pero hoy, me rio. Y ese cambio me enorgullece, a la vez que me divierte.

Me divierte.

Me divierte el paso del tiempo, y como hoy me ha dicho un amigo: "No sé por dónde andaré mañana. He pasado demasiado tiempo pensando cual será mi próxima zancada, así que hoy disfruto de la pisada, y ya mañana, veré la andada. Porque el futuro es hoy, y hoy fue ayer."  

Así que… me divierte

 mi presente.