Y me
miró con sus ojos verdes llenos de ilusión.
- Qué miedo, ¿no?
- Miedo...¿A qué?- pregunté mientras sonreía,
sin poder mirarle a los ojos, con la mirada gacha, mientras cerraba el gri-gri.
- Pues... miedo. Miedo a llevar tanto tiempo ilusionándome
con algo, luchando por algo, saboreando cada uno de los movimientos, de los
gestos y... ahora… Enfrentar la verdad. ¿Será cómo lo he ensayado? Miedo a caer... miedo a no conseguirlo,
o, lo que es peor, conseguirlo y que no sea como esperaba…
- No sabes cómo te entiendo. Yo también tengo
miedo, tengo miedo a proyectar ilusiones que acaben no cumpliéndose. Tengo
miedo a volver a fracasar, a volver a caer, a tener que reconstruir mi ego, de
nuevo, otra vez. Miedo a no ser suficiente… Pero… ¿Y qué? Y qué si me caigo, y
qué si no encadeno, y qué si no soy lo suficiente. Volveré a intentarlo. O no. Quizás no es que yo no sea lo suficiente para esta vía, quizás es que esta vía
no sea para mí. Pero, escucha (y aquí si me atreví a mirarle a los ojos) Quizás lo importante no sea la respuesta a esas
preguntas, quizás lo importante es todo lo que se siente mientras te vas
respondiendo a esas preguntas. En cada paso, en cada movimiento, en cada RES PI
RA CIÓN.
Y... encadenó.
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