Sonreí.
Sabía lo difícil que podía resultar tan solo expresar esas
analogías para ella.
Me encantaba como insinuaba las situaciones, dejando que
cada cual hiciera sus interpretaciones e identificaciones con el momento vital que le
acompañase.
Le puse la mano sobre la rodilla. Le cogí el filtro, el
tabaco y los papeles, e hice que los perdiera… Tan solo le deje el fuego, por
si necesitaba volver a prenderse a lo bonzo y resurgir de sus cenizas…
una vez más.
-
Sé que tienes miedo. Yo también- dije mirando
hacia dentro- Pero para volver a escribir a color hay que arriesgarse a
sentirlo. Deja de escribir con el gris de tus cenizas pasadas.
·
Y…. atrévete
o
Una vez más…
§
A perder
§
Té.
-
Lo intento. – Dijo mientras se retiraba de la
boca el filtro del cigarro que no se iba a fumar. – Igual que intento dejar de
fumar. - Y sonrío mirándome (media sonrisa, siempre)- Te juro que intento
adornar con bonitos trazos el folio en blanco de esta historia. Estética y
emocional a partes iguales, que no sea tan solo una historia de Instagram, de
perfecta forma y armonía, pero insulsa en el mentiroso contenido.
Intento que nuestra realidad sea la más
pura verdad interior. Intento volver a vivir desde mis entrañas esta historia
que se me presenta… Pero…
No lo consigo.
No sé si es el papel, que ya está tullido
del paso del tiempo, de historias de mierda con finales abandonados.
O… quizás sea el bolígrafo, que se ha
cansado de perder tinta para acabar diciendo nada.
O… simplemente… quizás ambos hayan estado
mucho tiempo en desuso y necesitan “engrasarse” y… eso va despacio…
Oyes… ¿Por qué no vas a pedir… té?
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